viernes, 18 de noviembre de 2016

Para pintar.


LEYENDA DE COPAJUE.

          Copahue, que significa azufre, era el nombre de un temido cacique que dominaba las tribus del sur y algunas del centro de Chile; sanguinario y tirano no reparaba en medios con el fin de sojuzgar el mayor número de ellas. Sus adversarios se aliaron con el objeto de terminar con su predominio, lo que consiguieron librando una violenta batalla en Llay-llay, (palabra onomatopéyica que imita el murmullo suave del agua corriente o del viento). Muerto el cruel cacique, su cuerpo fue enterrado en la parte más alta de la zona, que es la que actualmente lleva su nombre.
A su muerte, su hijo tomó el gobierno y con el objeto de reconstruir el perdido poderío, trató de agrupar nuevamente a las dispersas tribus; inició así el cruce de la cordillera, encontrando en la cumbre de una montaña a una hechicera ocupada en el conocimiento de hierbas, a la que se aproximó con el pretexto de indagar el camino que debía recorrer. La belleza de la joven hechizó al cacique dominando su voluntad. Copahue preguntó entonces a la moza:
- ¿Este pecho fuerte y valeroso por qué se siente débil en tu presencia? ¿Acaso tu amor lo aprisiona?
Ella lo miró fijamente:
-  Vete  -  le dijo  -, pero lleva este amuleto que te dará mayor valor del que posees y cuando hayas ganado la primera batalla contra los que ataquen tu toldería, vuelve a mí.
Copahue descendió de la cumbre y estableció su campamento al pie del cerro.
La profecía pronto se cumplió; fue atacado por un gran número de enemigos, a los que derrotó; ebrio de orgullo, pensó en escalar nuevamente los Andes en procura de la joven hechicera, lo que hizo desoyendo los consejos que, en sentido contrario le daban los ancianos de la tribu, y meses después, ella con su elegido y un indio que llevaba una bolsa llena de hierbas que usaba para sus hechicerías, llegaron al valle ¡Qué triste fin les guardaba allí!
En efecto, al alejarse Copahue, muchos caciques no quisieron reconocerlo como jefe y menos aún a la hechicera, a quien llamaban Pirepillán (nieve del diablo), iniciándose frecuentes luchas entre éstos y los leales al jefe, los que finalmente vencieron, festejando la victoria con nutridos brevajes preparados por ella con yuyos andinos.
Pero Copahue, que al igual que su padre era cruel y feroz, fue finalmante atacado, dispersada su toldería y herido de muerte; al anochecer de aquel triste día, su amada, acompañada por un indio fiel, llegó ocultándose hasta donde estaba el cacique; cargaron el cadáver de éste y al amanecer se reunieron con un grupo de indios leales. Estos, que creyeron encontrar vivo a Copahue, al convencerse de lo ocurrido, culparon de la muerte del cacique a los amuletos y hechizos de la joven, condenándola a morir lanceada, colgada de un árbol.
La infeliz en su agonía llamaba a Copahue, mientras los indígenas cavaban una profunda fosa; pero al dar término a su tarea, fueron de improviso bañados por chorros de agua hirviendo que manaba fuertemente de entre los peñascos donde cavaban.  Al angustioso grito de:
- ¡Quetalco! - agua de fuego hirviente, huyeron atemorizados creyendo en un castigo de Copahue.

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Alarmadas las tolderías vecinas, los indígenas no se atrevieron desde entonces, consecuentes con sus ritos, a cruzar por esos valles que llamaron Copahue, sin llevar consigo una piedra verde, a la que atribuyen la virtud de ahuyentar los malos espíritus; a esta piedra que hallaban en la montaña y que tenían por milagrosa, la denominaban “llanalhue” (algo de la otra vida).

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        Tomado de: “Miscelánea Sureña”,  de Ambrosio Delfino.

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